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Los museos más curiosos del mundo

Los museos más curiosos del mundo

De la casa privada de una fanática del arte al guardián de los retratos más célebres del mundo o el del mismísimo Rodin en París, estos museos reúnen obras maestras y podrían ser, además, los más románticos del planeta.

Phillips Collection (Washington DC, Estados Unidos). Reúne las joyas de Duncan Phillips, un crítico de arte y coleccionista que convirtió esta casa, la suya, en museo en 1897. Almuerzo de remeros de Renoir, un Autoretrato de Paul Cézanne o Domingo de Edward Hopper son algunas de las 4.000 piezas de esta colección que incluye también nombres como Rothko, Bonnard, O'Keeffe y Van Gogh. El primer jueves de cada mes, el arte se funde con la música en directo, comida y copas en esta bella e íntima mansión de ladrillo rojo.

Museo Rodin (París, Francia). Si busca un rincón en París donde encontrar la paz en mitad de los bocinazos y ruidos habituales de la ciudad, el jardín del antiguo Hôtel Biron, hogar del museo Rodin desde 1919, sigue siendo insuperable. Sus tres hectáreas incitan a vagar por sinuosos caminos entre rosales, parterres y árboles que dan sombra a obras archifamosas, como Orfeo o El Pensador.

El museo recibió un lavado completo de cara a finales de 2015 coincidiendo con el 175 cumpleaños del escultor que vivió y trabajó en este palacio dieciochesco hasta su muerte en 1917. Desde entonces se puede ver un espacio en el que se recrea con muebles y objetos originales una de las habitaciones de Rodin, mientras se sigue un nuevo recorrido por este edificio tan amado por los parisinos.

El pabellón de la Secesión (Viena, Austria). Todos los amantes de Gustav Klimt acuden a ver El beso a la gran Galería Belvedere, pero más cerca del centro tienen en el Pabellón de la Secesión un espacio mucho más íntimo para disfrutar del artista simbolista.

Las paredes del misterioso edificio art nouveau están tatuadas con el célebre Friso de Beethoven, realizado por Klimt para la XIV Exposición de la Secession vienesa de 1905. No es una obra pequeña, sino 34 metros de ancho y dos metros de alto en los que el enfant terrible vienés interpreta la novena sinfonía de Beethoven. Precisamente, Rodin visitó la exposición de la Secesión en 1902 y felicitó a Klimt, aunque el público de la época se escandalizó ante esta colección de mujeres y ángeles dorados.

Con información de http://viajes.elmundo.es










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