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Juegos por la paz

Juegos por la paz

Jugar es la condición sine qua non de la infancia, jugar es para los niños su naturaleza y su sentido, dicen por allí, que jugar es un estado alterado de conciencia, un espacio otro que se abre dentro de cada uno, a sí mismo y al otro que nos acompaña en el juego. Un tiempo sagrado que anula cualquier otro tiempo, en el que no caben los deberes o tareas.

En el juego busco mi identidad otra, la no reconocida, desconocida por mi, indago, me pierdo y luego me encuentro, si juego con otro, nos encontramos, nos vemos a los ojos, nos reconocemos, yo en mí, yo en ti y viceversa, juego que se hace para compartir (se), a veces, para ganar y perder, pero no importa perder porque todo el que juega sabe que en realidad nada se pierde, nada se pierde en el espíritu, en el alma del juego.

Si concebimos el juego como elemento enriquecedor del individuo, como estímulo para el desarrollo y aprendizaje saludable, como lugar de encuentro para la posibilidad, para el hallazgo, entonces el juego no tiene edad, ni etapa, es propio de lo humano. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo el papel del juego en nuestra cultura ha cambiado, los juegos han cambiado, el sistema económico, los tiempos modernos, el desarrollo de nuevas tecnologías han acortado y acotado el tiempo del juego, en fin, se nos ha limitado a jugar. ¿Qué de los tiempos de la gallinita ciega, de las rondas, Mambrú y compañía? ¿Qué de aquellos tiempos en el que los padres jugaban con sus hijos y había tiempo para un juego más al finalizar la tarde? ¿Qué de los juegos solitarios, imaginativos y ensoñadores?

El juego es portador y productor de nuestra cultura, a través de los juegos podemos contemplar como quien observa por una mirilla la clase de sociedad en la que se desarrollan, juegos que reflejan los valores o antivalores, juegos que luego reproducirán la estructura de nuestras relaciones adultas, que excluyen de acuerdo al sexo o edad, juegos que reflejan la naturaleza competitiva, que reflejan el imperativo social de ganar ante toda circunstancia, que trasladan el placer del juego transcurrido al placer por el resultado final, al placer por ganar.

Si el juego como cualquier aspecto de lo humano puede responder a un constructo ideológico, ¿cómo podemos revertir como educadores, padres o miembros de la sociedad esta tendencia que va deteriorando la calidad de las relaciones desde la infancia? Pues, el comportamiento cooperativo y solidario también está pautado culturalmente y el juego cooperativo también puede enseñarse.

Muchos antropólogos, educadores populares y psicólogos han estudiado diversas culturas en las que el juego cooperativo es muy importante, en las que cooperar implica sobrevivir, comer mejor, vestirse. Si bien, podríamos decir que no estamos ante peligros tan inminentes, la crisis actual, el cambio de era, la globalización, los problemas ecológicos, conllevan a considerar muy seriamente cambiar el paradigma que ha constituido occidente durante un milenio.

Educar para la paz, jugar a construirla es un imperativo mundial, nacional, personal; buscar y encontrar el equilibrio entre el yo y el grupo, desenredar la tensión entre el individuo y el colectivo no es fácil pero hay que intentarlo. En este sentido, Juegos por la paz es una propuesta creada por la Profesora Salomé Cabrera Nuñez en Venezuela, en la que podemos encontrar más que reglas, oportunidades para aprender, desconectar a los niños de los famosos juegos electrónicos y crear, como ella las llamó: "zonas de aprendizaje y recreación". A través de juegos de mesa tradicionales como: sopa de letras, súper ludo, súper twister, súper vieja, ¿Y dónde está?, el avión, súper scrabble, y a través de asesorías a instituciones educativas, actividades y talleres, @Juegosporlapaz se constituye en un ejemplo a seguir, es una muestra de los educadores que valoran el sentido de la vida, que transmiten que convivir con el otro no es más que "vivir con (el otro)" y que el juego promueve la valoración del otro sin importar los resultados, que enseña a compartir, a saber esperar, a pensar, a sentir y sobretodo a reír. Apostemos por el juego y comencemos a jugar por una mejor escuela, un mejor país, un mejor mundo.

Para más señas: http://issuu.com/juegosporlapaz/docs/juegos_por_la_paz__cat__logo_
Redes sociales: @Juegosporlapaz









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