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Diluvio de recetas

Diluvio de recetas

Es una obviedad decir que la cocina está de moda. En los medios impresos o audiovisuales se le encarga este tema a alguien experto en la materia, que puede ser un cocinero conocido, aunque esto no suele dar resultado.

Pero hoy cualquiera puede crear un blog o, simplemente, aprovechar las redes sociales para dar su opinión sobre sitios. Ojo: el noventa por ciento es simple publicidad. No se fíen.

Vamos a algo más sencillo: las recetas. ¿En qué casa no hay un libro de cocina? Hoy, los usuarios de las redes vuelcan en ellas recetas y recetas, muchas de ellas disparatadas, otras francamente buenas. No se obsesionen con ellas, ni con los libros de cocina.

En estas recetas, usualmente, abundan ingredientes que usted nunca ha oído nombrar. Por no hablar de técnicas solo al alcance de los profesionales.

Ingredientes nuevos, «exóticos», los ha habido siempre; pero la gente se tomaba su tiempo y sus ensayos antes de incorporarlos a su propia cocina. Piensen en los productos que, a partir del final del siglo XV, llegaron desde el Nuevo Mundo a las despensas europeas.

Muchos de ellos tardaron años, hasta siglos, en ser aceptados. Es cierto que el tomate se incorporó a la dieta española, pero en ensalada: el verdadero triunfo del tomate no llega hasta que se convierte en salsa, en el siglo XVIII. Las papas llegaron a Europa en el primer tercio del siglo XVI, pero no se apreciaron hasta muy entrado el siglo XVIII.

En las redes abundan los mensajes que proclaman que tal producto es buenísimo para la salud, o al revés: sale algún ingenuo afirmando que, según un estudio de alguna ignota universidad, eso que a usted le gusta tanto es poco menos que veneno. No hagan caso ni a unos ni a otros.

En cuanto a las recetas, midan sus fuerzas y sus conocimientos. Jamás cocinen algo por primera vez cuando tengan invitados: prueben antes a nivel doméstico, será divertido para usted y para su familia.

Las recetas de profesionales suelen tener un grado de dificultad alto, por supuesto no para ellos. Aprender nuevas técnicas lleva su tiempo, sin contar que la gente tiende a llenar sus cocinas con aparatos caros que resultan perfectamente inútiles.

Si una receta, en la tele o en Facebook, les parece interesante, a por ella. No es fácil que les salga bien a la primera. Insistan. Sobre todo, pónganle un toque personal, sustituyan ingredientes que desconocen o que conoce, pero no les gustan, por otros de su agrado.

Jueguen: la cocina puede ser un juego delicioso. Pero, como nos decían cuando éramos pequeños, «no se vayan a jugar con cualquiera».

Con información de EFE










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