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 Regañar al niño porque ha mordido

Regañar al niño porque ha mordido

Al abordar este tema, es recomendable empezar a trabajar la amabilidad con la cual se trata a los padres y a los chicos -incluso al que muerde o pega en algún momento. Si bien es cierto que estos son eventos que no deben ocurrir, porque no debemos dejar pasar por alto ningún tipo de maltrato a ningún niño (intencional o no); también es cierto que el niño que muerde, empuja o pega, necesita de nuestra observación, nuestra atención y muchas veces nuestra contención. Comprendiendo que esto no lo convierte en un niño agresivo o maleducado.

Los padres del niño que ha mordido alguna vez, o muchas veces, deben mantener la calma y observarlos, debido a que existen varios factores que pueden estar influyendo en el niño, para que éste muerda; entre ellos: la salida de los primeros dientes, molestias en la boca, etapa oral de Sigmud Freud, causa-efecto, regulación de emociones, estrés, y/o imitación de juegos en casa.

De acuerdo a Andrea Berend, directora de la Franquicia Kids Planet "es importante observar en qué momento muerde el niño, debido a que en edad temprana aún no hemos regulado nuestras emociones. A veces, un mordisco podría ser la emoción de felicidad o amor no regulada por él mismo. Así trabaja la psique a esta edad. No hay aún medida de la fuerza, de las emociones, entre otros".

"No regañar a los pequeños ?manifiesta Berend- siempre será la recomendación, porque ellos no tienen consciencia ni la malicia para saber que esto que están a punto de hacer o ya han hecho es algo "malo" o que daña al otro. Primero hay que observar, pero eso no quiere decir que no le digamos de manera firme y amable que no debemos morder. Esta etapa de los mordiscos pasa y es mejor que lo llevemos de la mano del respeto y el amor, enseñándoles cómo nos gusta que nos toquen (acariciando o besando)".

Para evitar que nuestros niños muerdan, podemos contar cuentos que nos ayuden a transmitir el mensaje, cantar, hacer actividades enfocadas a la regulación de emociones, juegos de contención, y verificar que tenemos juguetes que pueden llevarse a la boca.

Si, por el contrario, nuestro hijo es el mordido, está bien hacer valer sus derechos, recordando que debemos aprender a abordar nuestras propias emociones, para no llegar a ofender e irrespetar a la familia del niño que está mordiendo. Debemos apoyarnos en las maestras, para crear un equipo amable casa-guardería; y jamás transmitir a nuestros hijos que han sido mordidos, que muerdan al otro niño para "defenderse".









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