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Mito del vampiro tiene base en enfermedad de la piel

Mito del vampiro tiene base en enfermedad de la piel

El mito del vampirismo ha trascendido durante generaciones, pero fue con la publicación de Drácula, novela del escritor Bram Stoker, que esta criatura terrorífica y legendaria saltó a la fama en 1897. Desde entonces, el vampiro, como personaje de la cultura popular, se catapultó durante todo el siglo XX y lo que va del XXI: películas, videojuegos, cómics y libros, que recientemente han sido adaptados a series de televisión (como The Vampire Diaries, The Originals y True Blood). Sin embargo, como todo mito o leyenda, el vampirismo tiene su origen en una enfermedad o, más bien, en un hecho concreto que ha estimulado la imaginación de muchos.

La porfiria es un trastorno genético que provoca ampollas en la piel, como consecuencia de la exposición solar. Se origina debido a la producción excesiva de hemoglobina, una proteína de la sangre que transporta el oxígeno desde el sistema respiratorio hasta los tejidos y participa en la eliminación del dióxido de carbono. La enfermedad del vampiro suele aparecer cuando los mecanismos de producción de los compuestos que generan las células sufren una anomalía, lo que ocasiona que el metabolismo no cumpla su función apropiadamente. Este proceso es controlado por las enzimas, que actúan en base a los parámetros de la información genética del individuo.

Existen dos tipos de porfirias, en función de lo anteriormente señalado: hepáticas y entropoyéticas. La de orden hepática nace de las crisis neuroviscerales, con signos cutáneos que no siempre se manifiestan en la superficie cutánea. Los ataques provocan concentraciones plasmáticas y urinarias de notable elevación., procedentes del hígado. Por su parte, las crisis entropoyéticas se caracterizan por la fotosensibilidad de la piel, producto de los desproporcionados depósitos de entrocitos de la médula ósea y el plasma, que es un elemento fundamental del torrente sanguíneo.

Para su tratamiento, en caso de un ataque agudo, el especialista puede administrar hematina por vía intravenosa. También se utilizan analgésicos y sedantes, que tienen por objetos disminuir el dolor e inducir el sueño.

"Lo más probable es que todo este tipo de trastornos fuesen calando en el folclore y en la cultura popular de la Europa del Este a mediados del siglo XIX. Sabemos que Stoker pasó bastante tiempo estudiando ese folclore europeo, sobre todo a partir de un ensayo de 1885 publicado por Emily Gerard llamado Supersticiones en Transilvania. Más tarde, aclararía que gran parte de Drácula nació de una pesadilla nocturna que tuvo después de comer mucho cangrejo con mayonesa", explica la web es.gizmodo.com.










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