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El ambiente físico transforma nuestras emociones

El ambiente físico transforma nuestras emociones

El espacio físico que nos rodea, en el que trabajamos, estudiamos y vivimos influye y mucho en nuestras emociones, pensamientos e, incluso, en la forma de relacionarnos con los demás y no es casual que una persona prefiera un determinado rincón de una cafetería o que un niño se sienta más reconfortado o animado con un determinado color en la pared de su escuela.

Para entender el por qué de esta realidad, nos acercamos a la psicogeografía, una disciplina que se ocupa precisamente del medio geográfico y su influencia en las personas. Lo analiza en su libro el neurocientífico Collin Ellard, y la diseñadora de interior Rosan Bosch lo tiene muy en cuenta en la construcción de escuelas y hospitales.

La diseñadora holandesa Rosan Bosch se ha entregado en cuerpo y alma a la innovación educativa y laboral, a través del diseño de nuevos espacios y mobiliario de colegios, hospitales y lugares de trabajo, convencida de que la psicogeografía sí importa y mucho.

«Me parece raro que no aceptemos este hecho. Hacemos como si no tuviera influencia, cuando está comprobado que sí la tiene», afirma en su entrevista a EFEsalud esta licenciada en Bellas Artes, que ha diseñado, entre otras, las instalaciones infantiles de Liceo Europeo en Zaragoza, bajo la premisa de que la libertad de movimientos y el dinamismo favorece la motivación y la curiosidad por seguir aprendiendo, en un mundo global tan cambiante y dinámico como el actual.

Revolución en las escuelas
Bosch ha construido más de una decena de colegios en Dinamarca, donde vive actualmente, España, Suecia o ciudades como Abu Dabi.

Su trabajo está inspirado en las teorías del educador británico David Thornburg, quien defiende cuatro espacios, como los más idóneos para aprender: espacios Hogueras de campamento, para la lectura colectiva; Abrevaderos, para los debates entre alumnos; Cuevas, como lugares tranquilos para la reflexión; y los Vida, para compartir con otros compañeros lo que se ha aprendido.

Sus diseños, muy versátiles, están muy lejos del antiguo modelo, todavía imperante en muchos países, y que se basa, única y exclusivamente, en un aula con los pupitres de los niños dispuestos en varias filas y mirando todos a la mesa del profesor.

Actualmente su estudio trabaja en la remodelación de un hospital psiquiátrico en las Islas Feroe. En este trabajo, como en los anteriores, se tiene en cuenta la cultura y valores del lugar, y también las necesidades de sus usuarios, porque no todas las personas son iguales ni reaccionan igual a un color o a la intensidad de una luz, y las hay que prefieren leer, estar o trabajar de cara a la ventana y otras todo lo contrario, explica Bosch.

Su estudio, que funciona de manera multidisciplinar, busca sobre todo que el entorno juegue a favor de las relaciones humanas y el bienestar emocional. El diseño, explica, influye directamente en tu cuerpo, que está conectado con tu mente y «el movimiento es necesario para activar el cerebro».

El cuerpo nos delata
«El contraste entre nuestras reacciones a los espacios que nos rodean puede leerse en nuestros cuerpos. Se aprecia en nuestra postura, en los patrones de movimiento de nuestros ojos y cabezas e incluso en nuestra actividad cerebral...».

Así lo afirma el neurocientifico Colin Ellard en Psicogeografía. La influencia de los lugares en la mente y el corazón, un libro editado por Ariel en el que el autor explica en qué grado influye el entorno en nuestras emociones, pensamientos y respuestas físicas. Ellard relata que nuestra herencia genética afecta a nuestro comportamiento incluso a la hora de elegir un lugar para estudiar dentro del aula. También refiere que la planificación urbanística de un barrio puede convertir ese lugar en un foco de ansiedad o incluso de criminalidad, si la arquitectura elegida resulta muy agresiva.

Según el autor, hay estudios científicos que han revelado que la exposición a escenas de grandeza como los desfiladeros del Gran Cañón del Colorado o el techo de una catedral pueden ejercer una influencia cuantificable en la concepción que tenemos de nosotros mismos, en como tratamos al prójimo e incluso en como percibimos el paso del tiempo.

Así refiere que cuando paseamos por una calle amplia en una zona residencial, con sus inmensas y monótonas extensiones de casas idénticas, cortadas todo por el mismo patrón, experimentamos cómo el tiempo transcurre con una lentitud dolorosa y cómo nos invade el aburrimiento.

Por ello, defiende que entender como funcionamos y qué nos motiva puede darnos herramientas para construir un entorno que nos predisponga a sentirnos bien y, por otro lado, evitar que caigamos en trampas cotidianas muy bien diseñadas, como por ejemplo, en los centros comerciales, donde reina una 'desorientación programada' que tiene por finalidad guiar el comportamiento del consumidor.

Reportaje publicado por EFE










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